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Paciencia, amor, cariño…., los deseos de nuestros mayores en el Dia Mundial del Alzheimer

Nuestros residentes hablan sobre esta enfermedad, saben a lo que se enfrentan algunos de sus compañeros que la padecen y sus familiares y amigos. Hoy hablando con ellos con motivo del dia mundial del Alzheimer han querido expresar sus deseos frente a esta enfermedad.

Compartimos con vosotros los deseos de nuestros mayores:

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Desde el Paular deseamos:

* Josefa Arnau:  Que se haga todo lo imposible  por curarlo.

* Julian: que haya más dinero destinado a curar a estas personas.

* Cristina: también como Julian, que haya más dinero, que hace mucha falta.

* Josefa Requena: que el que está a cargo de estas personas se ocupe más de ellos y los atienda más.

* Rosario Bravo: que mejoren y se curen todos.

* Laura: que las personas que les cuiden tengan mucha paciencia.

* Emilio: mientras llegue la solución, que se tenga paciencia, amor, cariño y esperanza y que haya más centros especializados.

* Asunción:  lo mismo que Emilio

* Pilar: que dediquen más medios para curarlos.

* Federico; que salga un buen investigador que encuentre la cura.

¿Cual es vuestro deseo?…..

 

 

Cuentos para pensar

Todas nuestras sesiones suelen empezar con un cuento, una historia o un relato para pensar. De entre todas las que hemos leído este año he mos seleccionado una que siempre solemos leer en más de una ocasión, pues siempre nos gusta comprobar como nuestros mayores siguen teniendo ganas de vivir…

        

“Las ranitas en la nata”

(Jorge Bucay)

Había una vez dos ranas que cayeron en  un recipiente de nata.

Inmediatamente se dieron cuenta de que se hundían: era imposible nadar o flotar demasiado tiempo en esa masa espesa como arenas movedizas. Al principio, las dos ranas patalearon en la nata para llegar al borde del recipiente. Pero era inútil; sólo conseguían chapotear en el mismo lugar y hundirse. Sentían que cada vez era más difícil salir a la superficie y respirar.

Una de ellas dijo en voz alta: - “No puedo más. Es imposible salir de aquí. En esta materia no se puede nadar. Ya que voy a morir, no veo por qué prolongar este sufrimiento. No entiendo qué sentido tiene morir agotada por un esfuerzo estéril”.

Dicho esto, dejó de patalear y se hundió con rapidez, siendo literalmente tragada por el espeso líquido blanco.

La otra rana, más persistente o quizás más tozuda se dijo: - “¡No hay manera! Nada se puede hacer para avanzar en esta cosa. Sin embargo, aunque se acerque la muerte, prefiero luchar hasta mí último aliento. No quiero morir ni un segundo antes de que llegue mi hora”.

Siguió pataleando y chapoteando siempre en el mismo lugar, sin avanzar ni un centímetro, durante horas y horas.

Y de pronto, de tanto patalear y batir las ancas, agitar y patalear, la nata se convirtió en mantequilla.

Sorprendida, la rana dio un salto y, patinando, llegó hasta el borde del recipiente. Desde allí, pudo regresar a casa croando alegremente.

         ¿Qué haríais en esta situación…rendirse o seguir luchando…?

Nuestros residentes hablan del Alzheimer

Hoy 21 de Septiembre es el “Día Mundial del Alzheimer”. El Alzheimer es una demencia,  una enfermedad degenerativa cerebral. Se encuentra dentro del grupo de demencias primarias porque no puede ser considerada como efecto de cualquier otra enfermedad y/o traumatismo. Es irreversible y progresiva, una vez iniciada sigue un proceso no recuperable y generalmente se desarrolla de forma insidiosa.

Desde la Residencia El Paular tenemos muy presente esta enfermedad y para “no olvidar” y hacer un pequeño homenaje a todos aquellos que sufren esta enfermedad y a sus familias, hemos preguntado a nuestros residentes qué es para ellos esta enfermedad, como la definen, como la viven… aquí os dejamos sus opiniones y pensamientos...


  Enriqueta lo define de la siguiente manera: “es algo malo, pues pierden el conocimiento, se vuelven agresivos y se quedan privaditos en la cama; las personas con alzheimer son como niños”. 

 Cristina dice: “es una enfermedad que hace que las personas pierdan la personalidad”. María R. comenta lo siguiente: “en esta enfermedad lo primero que se pierde es la memoria y por eso se escapan de casa”. 

 Federico lo dice claramente: “es algo muy malo, las personas con alzheimer pierden su conocimiento”. 

 Laura y María D. dicen no conocer la enfermedad, aunque saben que es algo malo. 


A lo largo de esta larga conversación también hemos podido conocer la experiencia directa de algunos de nuestros residentes con esta enfermedad

 Enriqueta cuidó de su madre, enferma de alzheimer, y posteriormente de su hermana. Cristina atendió a una prima que enfermó de alzheimer. Ambas coinciden en que son experiencias muy duras y difíciles, que tuvieron que hacer uso de muchísima paciencia. Es algo que no podrán olvidar…

 Nuestros residentes también intentan a ayudar a las personas y familias que sufren Alzheimer y nos dan sus consejos… 



 Federico recomienda buscar un médico entendido en el tema para que ayude a la persona (neurólogo). 

 María D. dice que hay que buscar una persona que les ayude en todas las cosas que tienen que hacer en el día a día (cuidador). 

 Entre todos proponen: sacarles de paseo frecuentemente, tener paciencia con ellos, tener mucha voluntad, recordarles que día es y dónde están, ayudarles en lo que necesiten y, sobre todo… darles mucho cariño.

 Nosotros desde El Paular entre otras cosas, recomendamos acudir a la consulta del neurólogo al detectar los primeros síntomas de la enfermedad, seguir rigurosamente el tratamiento farmacológico, estimular física y cognitivamente, mantener la autonomía el máximo tiempo posible y principalmente, paciencia y cariño.



¿Cuando más mayores más felices?

Hoy desayunado hemos leído un interesante artículo de La Vanguardia digital que plantea que cuanto más mayores somos más felices estamos, interesante ¿verdad?. Nosotros estamos de acuerdo con J.A. (90 años) que afirma que la clave es la experiencia, ya que la vida es la mejor escuela, se aprende viviendo :) Y vosotros ¿que opináis?.  Aquí os dejamos el articulo:
“¿Cómo calificaría su grado de felicidad actual? ¿Y el que tenía, tiene o tendrá a los 30? ¿Y a los 70? ¿Cómo cree que se sienten las personas de esas edades? Un equipo de investigadores de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos, planteó hace algunos años estas cuestiones a medio centenar de personas con unos resultados curiosos: los integrantes del grupo de mayores de 60 años se declararon más felices que los que aún no habían cumplido los 40, pero a la hora de valorar cómo creen que se siente la gente en función de la edad, todos los participantes se mostraban convencidos de que las personas son más felices a los 30 que a los 70. 

¿Por qué este desajuste? Quizá porque nuestra sociedad entroniza la juventud como un valor en sí mismo y asocia envejecer con deterioro y problemas. Pero los resultados de los investigadores de Michigan no son una excepción. Existen muchas y muy diversas investigaciones que demuestran que las personas mayores –principalmente por encima de los 70- son más felices que las jóvenes.La psicóloga LauraCarstensen, de la Universidad de Standford (California), pidió a personas de entre 18 y 90 años que llevaran undiario de vida enfocado en sus estados emocionales y descubrió que la frecuencia con que jóvenes y mayores experimentaban emociones positivas era muy similar, pero los mayores experimentaban menos emociones negativas. 

Además, comprobó que en las personas mayores los estados positivos duraban más y los negativos menos; es decir, que con la edad las personas se recuperaban antes cuando se sentían tristes y cuando estaban alegres les duraba más tiempo.
¿Cómo es posible que con todo lo que conlleva envejecer, los mayores se sientan más felices? Los investigadores apuntan algunas teorías que, combinadas con la opinión recogida entre personas que superan la setentena y otras que trabajan con mayores, podrían resumirse en que las personas mayores son más felices porque son más sabias, porque disponen de más herramientas y estrategias cognitivas y emocionales para afrontar la vida, incluidas sus dificultades. 
Claro que cada persona es única y cualquier generalización yerra. Y, tenga la edad que tenga, una persona será más o menos feliz en función de sus circunstancias, sus condiciones de vida y su personalidad. 
“Hay personalidades, tipos de persona, entornos, procesos biológicos, aprendizajes, que condicionan el desarrollo psicológico de cada cual, y eso influye, es tu bagaje con 20, 40 o 70 años”, apunta Purificación Sierra, especialista en psicología evolutiva y del desarrollo y profesora de la Uned.Ricardo Moragas, director del grupo de investigación en envejecimiento del Parque Científico de la Universitat de Barcelona (UB), señala que “envejecer es un proceso vital al final del cual, si hay salud, dinero y amor, todo es maravilloso; si no, no; con la edad tu organismo va acumulando desgaste y experiencia y, si el desgaste es mínimo, la vejez puede ser placentera”. Subraya que “la gente, de mayor, es tan limitada o tiene tanto potencial como tenía al nacer, pero durante el proceso ha acumulado experiencias y frustraciones; la personalidad no cambia, pero las reacciones del individuo sí, fruto de la experiencia”.
Y esa parece ser una de las claves de la mayor felicidad que confiere la edad, la forma de reaccionar. L.P. no tiene ninguna duda de que hoy, a sus 73 años, se siente más feliz que cuando tenía 30, y aduce varias razones para ello: “Me conozco más y con ello evito determinadas reacciones irracionales y absurdas; por otra parte, esa actitud de lucha básica que mantienes en la vida a partir de la adolescencia, desaparece a partir de cierta edad y de esa forma puedes disfrutar de cosas que antes vivías de forma más tensa y conflictiva”. La investigación de Laura Carstensen sobre los diarios emocionales evidenció que los jóvenes tienen más preocupaciones y los mayores aprenden a evitar situaciones que los hagan sentirse tristes o estresados, al tiempo que resisten mejor los comentarios críticos y se enfocan más en lo positivo, justo al contrario de lo que hacen quienes tienen menos edad. M. R. cree que el tener menos preocupaciones tiene que ver con que, a los 73 años, “la vida ya la tienes hecha”, pero J. A. está convencido que la clave está en que “con la edad aprendes a ver venir los problemas y a esquivarlos para no hacer las cosas más difíciles, que la vida ya es de por sí complicada”.
Y es que la experiencia es un grado. ¡Y muy elevado! “Te hace ver las cosas de forma diferente y, en general, mejor”, asegura Carme Triadó, coordinadora del grupo de investigación en gerontología de la Universitat de Barcelona. 
Explica que, a medida que nos hacemos mayores, buscamos recursos para ser lo más felices posible y adaptarse a las nuevas circunstancias y condiciones que impone la edad, como prueba el hecho de que casi todas las personas están encantadas de vivir más. “Ejemplo de este cambio de perspectiva es que, mientras pueden ejercer su actividad diaria sin depender de otros, los mayores te dicen que tienen buena salud, aunque luego descubras que toman diez medicamentos diferentes; o cómo disfrutan de sus nietos de forma más relajada de como lo hicieron con sus hijos, valorando lo que consideran importante”, dice Triadó.
Purificación Sierra apunta que, al envejecer, se producen cambios emocionales y cognitivos y la persona ajusta sus recursos para maximizarlos. “Las herramientas intelectuales trabajan de forma diferente respecto a la época de maduración o expansión de la persona; la experiencia hace que nos fijemos en lo que es importante de cara al futuro, no en lo más inmediato”, explica. Y añade que esa misma experiencia también hace que se gestionen de forma más equilibrada las emociones: “los mayores han aprendido con los años qué emoción acompaña mejor a cada momento y no tienen tantos picos de alegría incontrolada o de tristeza acusada; y son más equilibrados cuanto más lo es el entorno en que viven, cuando tienen apoyo y recursos emocionales y su calidad de vida es buena”.
Pura Díaz Veiga, psicóloga y vocal de Ciencias Sociales dela Sociedad Españolade Geriatría y Gerontología (SEEG), coincide en que la experiencia se nota mucho en las emociones y las reacciones: “Con la edad acumulas experiencia y trayectoria, sabes mejor cómo eres, cómo funciona tu cuerpo y cómo funcionas tú emocionalmente; tienes más destreza para encajar lasituaciones negativas y las afrontas aceptándolas, no enfrentándolas de forma directa y tratando de resolverlas”. Agrega que esta habilidad es muy importante “porque cuando eres mayor pasan muchas cosas y en poco tiempo: pérdida de salud, de personas próximas, deestatus social… y la mayoría se adapta a ello de forma relativamente saludable”.
Hay quien califica como conformismo o resignación esta capacidad de adaptación de los mayores. Pero los expertos consultados aseguran que el conformismo de las personas mayores no es algo negativo, si no que tiene que ver con que son más selectivas. “Durante una parte de la vida no sabemos diferenciar lo que es importante de lo que no y peleamos todas las batallas, entre otras cosas porque tenemos una imagen de nosotros mismos comoinvulnerables; pero con la edad, uno tiene mas claro que el tiempo es limitado y los recursos también, y escoge los aspectos de la vida que considera cruciales pelear y deja de lado el resto de batallas”, la profesora de Psicología Evolutiva de la Uned.
Claro que aunque la experiencia ayuda a frustrarse menos, a apreciar lo que se tiene y a disfrutar de los pequeños detalles que producen bienestar, “también hay quien se estropea con la edad”, en palabras de Ricardo Moragas. En su opinión, en ello incide mucho la pareja, el ambiente en el que se convive y qué se hace tras la jubilación. “Orientamos a los niños para elegir escuela, para decidir sus asignaturas de secundaria, para escoger estudios universitarios o para insertarse en el mundo laboral, pero al jubilarte nadie te dice qué va a pasar, y es una etapa clave”, apunta. Y recuerda que, aunque no se hable de ello, hay una elevada tasa de suicido posjubilación.
Con todo, el informe anual dela Asociación PsicológicaAmericana(APA) que evalúa los niveles de estrés de la población a lo largo y ancho de Estados Unidos indica que las personas mayores declaran tener menos estrés que los jóvenes, se muestran más satisfechos con su vida, y expresan menos irritación, ira, depresión o tristeza como resultado del estrés. En Europa, un reciente estudio realizado por la Universidad de Luxemburgo yla de Würzburg(Alemania) sobre la relación entre la edad y los factores que conducen a la depresión indica que el grado de satisfacción con la vida es mayor en las personas de más de 63 años y tienen menos pensamientos negativos. 
Algunos expertos subrayan que, para que sea así, es fundamental tener un proyecto vital, se tenga la edad que se tenga. Díaz Veiga lo llama el plan B: “Las personas positivas creanestrategias para continuar haciendo lo que les gusta en la vida; se ha visto con personas que disfrutan leyendo y que, al perder la vista, buscan alternativas para seguir haciéndolo; tener un plan B, no quedarse parado si no se pueden hacer las cosas de igual manera, es un predictor de envejecer con éxito, de seguir disfrutando”.
Esto lo tiene clarísimo L. P. “Sartre dijo que la vejez es la pérdida de la curiosidad y yo estoy de acuerdo con el matiz de que hay viejos de 20 años y jóvenes de 80”. Y apunta, que en su caso, el plan B está resultando en ciertos aspectos más intenso y fructífero de lo que hubiera sido el A. “De mayor estoy haciendo cosas que de joven no sabía, como pronunciar conferencias o realizar documentales, y estoy seguro de que además las hago mejor que si las hubiera intentado con 30 años, porque mi inteligencia es ahora más clara y más nítida y me sorprende ver cómo me vienen a la memoria cosas que aprendí a los 15, los 20 o los 30 años que me ayudan a resolver un problema actual”, confiesa.”

Cuando me enamoré



Cuando uno recupera la memoria de los momentos, de los olores, los sabores, los colores, las personas, sus encantos, las historias, las aventuras, los sentimientos, etc… todo esto toma vida de nuevo y ahora se hace presente de nuevo. Esta es una de las maneras que tenemos los seres humanos de “volver a vivir” lo que ya pasó, y darnos la oportunidad de disfrutarlo de nuevo, intensamente….A continuación compartimos con vosotros algunos de los recuerdos de los abuelitos de la Residencia El Paular.

Loli Rondón nos contó la siguiente historia de amor:
“Conocí al que más tarde fue mi marido, a los 23 años en Larache, un pueblo de Marruecos. Él era de Badajoz y se llamaba Julián. Desde que nos vimos en la playa en el primer momento fue como un flechazo de amor, ya que él iba en bañador con su perro, y al verme se paró para hablarme. Me dijo: “tienes unos ojos muy bonitos” y a mí me dio mucha vergüenza.

Más tarde volvimos a vernos, y quedamos para pasear por la playa, y entonces, apareció para recibirla con dos rojas y un estuche con un regalo. A partir de aquí, estuvimos siendo novios durante 4 años, nos casamos en Ronda (Málaga), y continuamos juntos durante 25 años.

Para mí, ha sido lo más grandioso que me ha pasado en la vida, y he sido muy feliz con él y con mis dos hijos”.

Valentina, también compartió su historia de amor:
“Me casé con 30 años un 14 de Febrero, el día del amor.
Mi marido se llamaba Antonio y hemos estado juntos durante 36 años. Para mí ha sido mi gran amor, y el marido ideal”.

María Ivars, nos cuenta que tiene record de años junto a su pareja, ¡nada menos que 50 años juntos!!!:
“Mi marido se llamaba Francisco, y nos conocimos cuando yo tenía 25 años y él tenía 30. Vivíamos en la misma calle y yo era amiga de su hermana. Entre muchas otras habilidades, tocaba el clarinete y me ha querido mucho durante 50 AÑOS”.

¿Y vosotros? ¿ recordáis el primer amor? …

Feliz 14 de Febrero desde la Residencia El Paular.