Archivo de la categoría: infancia Alicante

Cuando me enamoré



Cuando uno recupera la memoria de los momentos, de los olores, los sabores, los colores, las personas, sus encantos, las historias, las aventuras, los sentimientos, etc… todo esto toma vida de nuevo y ahora se hace presente de nuevo. Esta es una de las maneras que tenemos los seres humanos de “volver a vivir” lo que ya pasó, y darnos la oportunidad de disfrutarlo de nuevo, intensamente….A continuación compartimos con vosotros algunos de los recuerdos de los abuelitos de la Residencia El Paular.

Loli Rondón nos contó la siguiente historia de amor:
“Conocí al que más tarde fue mi marido, a los 23 años en Larache, un pueblo de Marruecos. Él era de Badajoz y se llamaba Julián. Desde que nos vimos en la playa en el primer momento fue como un flechazo de amor, ya que él iba en bañador con su perro, y al verme se paró para hablarme. Me dijo: “tienes unos ojos muy bonitos” y a mí me dio mucha vergüenza.

Más tarde volvimos a vernos, y quedamos para pasear por la playa, y entonces, apareció para recibirla con dos rojas y un estuche con un regalo. A partir de aquí, estuvimos siendo novios durante 4 años, nos casamos en Ronda (Málaga), y continuamos juntos durante 25 años.

Para mí, ha sido lo más grandioso que me ha pasado en la vida, y he sido muy feliz con él y con mis dos hijos”.

Valentina, también compartió su historia de amor:
“Me casé con 30 años un 14 de Febrero, el día del amor.
Mi marido se llamaba Antonio y hemos estado juntos durante 36 años. Para mí ha sido mi gran amor, y el marido ideal”.

María Ivars, nos cuenta que tiene record de años junto a su pareja, ¡nada menos que 50 años juntos!!!:
“Mi marido se llamaba Francisco, y nos conocimos cuando yo tenía 25 años y él tenía 30. Vivíamos en la misma calle y yo era amiga de su hermana. Entre muchas otras habilidades, tocaba el clarinete y me ha querido mucho durante 50 AÑOS”.

¿Y vosotros? ¿ recordáis el primer amor? …

Feliz 14 de Febrero desde la Residencia El Paular.



La nochebuena de los abuelos

Como pasábamos la Nochebuena…


Los abuelitos de El Paular hemos estado hablando y recordando con sonrisas, y una cierta añoranza, como eran nuestras nochebuenas.


Nuestros recuerdos, nuestra vida, ¡lo compartimos con vosotros!.


María D. cuenta que ella hacía una cena especial,  en su casa, para su marido e hijos. Una vez faltó su marido, empezó a ir a cenar a casa de su hija. La cena consistía en unos entrantes (croquetas de bacalao, langostinos, ensalada especial…), cordero al horno con patatas fritas y postre (turrón, mantecados, etc.). Cantaban villancicos y a ella siempre le hacían cantar y contar historias en valenciano.
María F. cenaba también en su casa, pero con la familia y unos cuantos amigos. La encargada de preparar la cena era ella y nunca faltaban las gambas porque a su hijo le encantan.
Josefina B. comenta que en los últimos años se juntaban ella, su marido y uno de sus hijos, pues los otros dos viven en Francia. Lo que más recuerda es el postre porque no han faltado nunca los polvorones, turrones y mantecados.
Paco L. dice que esa noche era para estar en familia, que así se pasaba mejor,  y que él recuerda sobre todo cuando su padre hacía la cena, pues siempre ha tenido restaurantes.
Ramona cuenta que ella cenaba con su marido, pero que no solía hacer nada especial, aunque la cena sí que era algo diferente a la de cualquier otra noche.
Rosario S. recuerda con mucho cariño las navidades de cuando era niña, pues en Nochebuena siempre cenaban en casa de su abuela y se reunía toda la familia.
Lucía dice que ellos cenaban en su casa, toda la familia, y que la cena la solía hacer su madre. El menú era: sopa,  cordero a la plancha, aperitivos y postre.
Enriqueta comenta que solía pasar la Nochebuena con su hermana, que tenía un bar en Finestrat. Primero atendían a los clientes y después ya cenaban ella, su hermana, su cuñado y su sobrino. Se tomaban el aperitivo en la parte del bar y después la cena en el restaurante. Esta consistía en cordero principalmente y de postre dulces, helado y empanadillas de boniato entre otras cosas.
Mercedes recuerda cenar con su marido y su hijo en su casa. Antes de casarse cenaba con sus padres y hermanos.
María R. dice que cuando vivía en Barcelona ellos no celebraban la Nochebuena, pero sí el día de Navidad. Compraban un pavo y lo hacían relleno con salchichas, pimiento morrón, manzana, ciruelas, ajo… Como ella y su hermana eran pequeñas y el pavo lo compraban vivo,  sus padres siempre esperaban a que se durmieran para matarlo porque les daba mucha pena. Una vez ya en Alicante y casada trasladó esta tradición a la Nochebuena, aunque compraba el pavo ya muerto.

Federico habla de cuando él era joven y sus padres aún vivían. Cenaban todos juntos (hermanos, tíos, primos…) y la cena la hacía su madre. Cuando ella faltó la encargada de cocinar fue su hermana. Solían cenar pavo o pollo, compota de membrillo y dulces navideños.
Rosario B. cuenta de sus navidades en Madrid. Se juntaba toda la familia y cenaban gambas, ensalada especial, cordero y dulces típicos de estas fechas.
Cristina comenta que con 14 años hizo su primera cena de Nochebuena, para… ¡17 personas! Preparó sopa cubierta para unos,  sopa de almendras para otros, gallina en pepitoria y de postre flan, flan de café y natillas. A este último postre le ponían una pequeña sorpresa entre las galletas (una moneda). Otros años ha llegado a preparar la cena para 23 personas… toda una cocinera.

FELICES FIESTAS

Trastadas de la niñez, ¡nosotros también hemos sido niños!

Hoy nos hemos reído un montón contando gamberradas y trastadas de la infancia, ¿os acordáis de las vuestras?


Angelita cuenta, que de pequeña la mandaban a comprar el pan, y casi siempre lo devolvía pellizcado, y su madre se daba cuenta siempre.

A Hugo con 12 añitos lo mandaban a comprar el pan y en más de una ocasión trajo solamente la molla del centro :D


Fuensanta tuvo una experiencia pasada por jabón, ¡muy limpia!!. Cuando tenía 8 o 9 años, su madre la mandó a comprar jabón, y ella lo confundió con un caramelo, de manera que se lo comió y estuvo un buen rato echando espuma por la boca!!…


A Enriqueta le manchó su profesora de tinta el vestido nuevo, y para que su madre no la viera (porque sabía la que le esperaba), se escondió debajo de la cama y no había quien la sacara de allí.


Andrés era repartidor de leche de jovenzuelo, y cuando le pedían más leche y no le quedaba, a las últimas garrafas le añadía agua para que saliera más cantidad y tener para todos, eso sí, siempre lo negó, ¡que pillastre!!!


Cristina nos cuenta algo parecido, cuando con su amiga Paquita, mezclaron la leche del lechero con agua del grifo, y como no era potable, todo el pueblo tuvo problemas de estómago y se enfadaron con el pobre lechero, que nunca llego a entender que es lo que había pasado. 


Mabel se comía las barras de labios con sabor a fresa de su hermana mayor, cuando se quedaba sola, pero al volver cuando la pillaban, ella lo negaba con toda laboca pintada de rojo!! Je, je…



Federico le quitó la flauta a un hermano de un amigo, y se la tiró al pozo del pararrayos, ¡la dieron por perdida!


Cuando Tina tenía 5 años y junto con una amiga, decidieron que podían conseguir dinero pidiendo por las calles de Madrid. Sus madres, que no sabían nada, sospecharon de algo raro cuando les llevaron de regalo cerillas (que en aquella época eran muy caras), descubrieron cómo las habían conseguido y les prohibieron que pidieran más, pero las cerillas se las quedaron porque ¡a nadie le amarga un dulce!




A Andrés le gustaba pescar con su primo en el río. Un día le robaron una trucha que el cura del pueblo había pescado, y cuando llegaron a casa y enseñaron la supuesta pesca del día, les dijeron que le regalaran la trucha al cura como un obsequio de la familia. (Así que el cura tuvo de nuevo su trucha sin saberlo),¡¡ pero ellos se rieron mucho!!!


Mabel cuando tenía 15 años se fue a las fiestas del pueblo de una amiga en verano, y como ya por aquel entonces le gustaba mucho viajar de un lado a otro, en cuanto terminaron las fiestas cogió un tren y por su cuenta, se fue a visitar unos días a otra amiga a la playa, ¡sin decir nada previamente a sus padres!. El caso, es que los padres llamaron por teléfono, y se enteraron de que estaba en otro lugar y fueron a por ella. Estuvo una semana castigada sin salir, por no pedir permiso y hacer lo que quería sin consultar.