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Por Pascua ¡a comerse la "mona"!

¿Queréis saber como pasaban nuestros abuelitos la pascua?, estamos encantados de compartir con vosotros estos recuerdos tan entrañables.



Enriqueta cuenta que ella de jovencita iba a La Fuente del Molino (Finestrat) a comerse la mona de Pascua. Dependiendo de lo que les apeteciera pasaban el día entero o sólo la tarde; después siempre se iban a bailar.

Laura se iba a Elda, al chalet que tenían sus tíos allí. Pasaban 3 o 4 días, dependiendo del tiempo o de las ganas que tuvieran, y solían coger almendra, tomates. Comían y merendaban en la pérgola de la entrada.

Federico, como vivía en el campo, solía quedarse en casa a celebrar la pascua; en ocasiones iba al cortijo de su tía. Tenían sus tradiciones, pues el Jueves Santo comían potaje y arroz con leche; el Viernes Santo hacían castañas asadas; y el domingo tomaban la mona.

Nieves siendo pequeña iba al monte con toda la familia. Los niños jugaban y los mayores se juntaban para hablar, bailar? Algo típico que solían comer era conejo frito con tomate y tortilla de patatas.

María D. iba al Castillo de San Fernando o al de Sta. Bárbara, según les apeteciera; esto lo hacía con su marido e hijos. De soltera solía ir al chalet de una amiga, donde bailaban, contaban cosas, merendaban y, para terminar la jornada, iban al cine.

Josefina recuerda cuando estaba en Marruecos, allí iban al bosque a pasar el día y hacían paella de carne para comer. Nos dice que había mucha gente en esa época.

María R. cuenta que cuando ella vivía en Barcelona no se celebraba la Pascua como aquí, que se quedaban en casa y se comían la mona allí.

Gloria también lo celebraba en casa, pues en Zaragoza la tradición es diferente. Lo que sí que coincide es que se juntaba toda la familia.

Nieves, María D. y Laura nos cuentan que cuando eran pequeñas la tradición en Pascua consistía en vestir a las niñas con la bata de percal, un delantal y unas zapatillas con una lazada de color rojo o negro.


Las torrijas de los abuelos

Como buenos y buenas cocineros/as que son, nuestros abuelitos nos proponen unas cuantas recetas de productos típicos de la semana santa y la pascua. ¿Alguien se atreve a probar…?

v Buñuelos de calabaza:

¥ Ingredientes:

-        1kg de calabaza

-        1kg y ½  de harina

-        6 huevos

-        1 limón rallado

-        Levadura de panadería

-        Azúcar

-        2 l. de aceite

¥  Preparación:

      Se trocea la calabaza y se pone a hervir con agua. Una vez que está blandita se machaca y la guardamos hasta que esté templada para  poderla amasar bien.



        Mezclamos la harina y la levadura con la ayuda de un colador. Se junta la masa de calabaza con la harina, el azúcar, los huevos y el limón rallado; se mezcla todo muy bien para que quede homogéneo.



       Ponemos en una sartén el aceite y echamos la corteza del limón para saber cuando está caliente el aceite.



      Con la ayuda de una cuchara vamos echando la masa en una buñolera ya caliente; la metemos en la sartén y los vamos sacando conforme los vamos viendo doraditos.



     Antes de comer hay que dejarlos enfriar en una fuente con papel de cocina, que absorbe el aceite. Se pueden comer acompañados de azúcar.

(María D. y Cristina)

           Se debe decir que los buñuelos pueden ser también de viento, arroz o manzana, eso ya va al gusto de cada uno y a la tradición familiar. Y, además de comérselos solos, podemos acompañarlos de una buena taza de chocolate caliente.
Uuuummm, ¡qué ricos!

v Torrijas:

¥ Ingredientes:

-        1l de leche

-        Azúcar

-        Canela en rama y en polvo

-        Huevos

-        Pan del día anterior

-        Aceite

¥  Preparación:

Se pone la leche a calentar con una ramita de canela hasta que hierva un rato; mientras tanto vamos cortando el pan en rebanadas.Retiramos la leche del fuego y la dejamos enfriar. Una vez que está templada vamos mojando el pan en la leche.

        Ponemos el aceite a calentar en una sartén. Pasamos el pan por el huevo batido y echamos las rebanadas en el aceite bien caliente.



       Cuando están doraditas las torrijas las sacamos del fuego y las ponemos en una fuente con papel absorbente; les echamos azúcar y canela en polvo.



         Una vez frías ya están listas para comer.

(María D., Rosario B. y Mario)




¡FELICES VACACIONES!


¡y no os olvidéis de visitar a vuestros abuelos!

Envejecimiento activo para los mayores europeos

El periódico El Mundo destaca hoy en una noticia la importancia de un envejecimiento activo. “Los europeos tienen hoy mayor esperanza de vida que nunca, con una media de 72 años en hombres y de 80 en mujeres según informan los países que forman parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS). No obstante, presentan las mayores tasas de factores de riesgo como el alcohol o el tabaco, causas de muerte prematura, y enfermedad crónica.
Ante esta situación, la OMS presentará el próximo 2 de abril un conjunto de propuestas para el envejecimiento saludable. Además lanzará una serie de campañas, conferencias y eventos públicos para celebrar el Día Mundial de la Salud, previsto para el 7 de abril, que este año tiene como objetivo promover el envejecimiento activo.
Según la directora regional de la OMS en Europa, Zsuzsanna Jakab, “aumentar la esperanza de vida en Europa es un importante logro y necesitamos igualarlo añadiendo años de vida de mejor calidad“. “Los políticos de la región pueden respaldar este desarrollo invirtiendo en una amplia gama de iniciativas para promover el envejecimiento activo y saludable”, señala.
Para respaldar estos esfuerzos, la OMS en Europa trabaja con los países para diseñar una serie de intervenciones prioritarias centradas en el envejecimiento saludable durante la vida, creando ambientes y adaptando los sistemas sanitarios al cambio de necesidades de una población en envejecimiento.
Entre estas intervenciones destacan las destinadas a reducir el riesgo de caídas, aumentar el acceso a oportunidades para practicar ejercicio físico, proporcionar apoyo público a los cuidadores informales centrándose en el autocuidado y los cuidados en el hogar, crear servicios de geriatría y gerontología entre los cuidadores sanitarios y sociales, e incrementar la vacunación contra la gripe entre los mayores y prevenir esta enfermedad desde el servicio sanitario.
Fuente: Diario El Mundo (edición Madrid)

Ellas, nuestras abuelitas trabajadoras.


8 de Marzo: DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA

La celebración del día internacional de la mujer trabajadora ha sido el tema de conversación en la residencia El Paular esta última semana. Nuestras residentes han querido contar su experiencia, su día a día laboral hace unos años, recordando y dando luz a historias de vida excepcionales. 


¡Las compartimos con vosotros!. 

- Josefina B. (88 años) empezó a trabajar muy joven, pues con 15-14 años su vecina la enseñó en el oficio de la costura; fue sastresa. Al preguntarle por su trabajo cuenta que cosía ropa de hombre, primero como civil y posteriormente, durante la guerra, en el ejército. Durante esta última etapa hacía trajes para los militares.


- Carmen C. (79 años) no recuerda muy bien su profesión, pero lo que sí dice es que de jovencita tuvo que limpiar las casas de otras personas.


- Fuensanta (84 años) también es otra de nuestras mujeres trabajadoras, ya que al faltar su padre siendo ella una niña no le quedó más remedio que ponerse a trabajar…eran 8 hermanos!. Desde muy pequeña tuvo que fregar suelos para llevar algo de dinero a casa; posteriormente entró a trabajar con los dueños de una panadería, cuidando de sus hijos y de la casa. En la panadería aprendió a hacer un poco de todo, incluso a coser.



- María R. (88 años) fue maestra en el Colegio Virgen del Pilar de Murcia durante unos 5 o 6 años; daba clases a niños de hasta 9 años. Según dice no le gustaba mucho este trabajo, por lo que al casarse lo dejó para dedicarse a las tareas del hogar.


- Rosa (88 años) cuenta que sus padres tenían una tienda de comestibles y que desde muy jovencita empezó a echarles una mano. Al mismo tiempo que les ayudaba en la tienda cuidaba de la casa y al casarse pasó a cuidar de su propio hogar.


- Enriqueta (67 años) ha sido peluquera y regentaba una peluquería de su propiedad en Finestrat. Al preguntarle que hacía nos cuenta que peinaba, ponía tintes, hacía permanentes, etc. Comenta que su peluquería funcionaba muy bien, teniendo clientes que iban desde Benidorm.


- Mercedes (86 años) trabajó en la fábrica de cintas que había hace años en Alicante; allí hacían lazos, cordones… Tiene buenos recuerdos de aquella época.

- María F. (80 años) cuenta que ella tuvo que trabajar en el campo recogiendo almendra, pelándola, limpiándola… Una vez casada se dedicó a las tareas del hogar.

- Gloria (82 años) estuvo un tiempo trabajando con sus padres en el campo, pero pronto tuvo que marcharse a Alemania a trabajar en una fábrica de medias; allí estuvo 17 años. Cuando regresó a España, ya casada, montó una bodega con su marido.


- Ramona (85 años) ha sido ama de casa, se dedicaba a las tareas del hogar y a cuidar de sus hijos.



- Laura (74 años) ha trabajado como oficinista, primero en un negocio familiar y posteriormente en una empresa de automóviles. En este último trabajo hacía de todo, incluso vender coches.


- Natalia (89 años) tuvo que cuidar de sus hermanos durante la guerra, eran 6 hermanos y no fue una época buena. Más tarde, ya casada, se dedicó a las tareas de su casa.


- María D.(89 años) ha trabajado mucho a lo largo de su vida, pues su padre faltó en la guerra y tenía que ayudar en la economía familiar. De jovencita fue modista, hasta poco antes de acabar la guerra que empezó a trabajar en el tranvía como cobradora. Posteriormente estuvo en comedores de auxilio social. También ha trabajado en la fábrica de caramelos “El Monaguillo” y una vez casada en una fábrica de cacahuetes y almendras.



Cuando me enamoré



Cuando uno recupera la memoria de los momentos, de los olores, los sabores, los colores, las personas, sus encantos, las historias, las aventuras, los sentimientos, etc… todo esto toma vida de nuevo y ahora se hace presente de nuevo. Esta es una de las maneras que tenemos los seres humanos de “volver a vivir” lo que ya pasó, y darnos la oportunidad de disfrutarlo de nuevo, intensamente….A continuación compartimos con vosotros algunos de los recuerdos de los abuelitos de la Residencia El Paular.

Loli Rondón nos contó la siguiente historia de amor:
“Conocí al que más tarde fue mi marido, a los 23 años en Larache, un pueblo de Marruecos. Él era de Badajoz y se llamaba Julián. Desde que nos vimos en la playa en el primer momento fue como un flechazo de amor, ya que él iba en bañador con su perro, y al verme se paró para hablarme. Me dijo: “tienes unos ojos muy bonitos” y a mí me dio mucha vergüenza.

Más tarde volvimos a vernos, y quedamos para pasear por la playa, y entonces, apareció para recibirla con dos rojas y un estuche con un regalo. A partir de aquí, estuvimos siendo novios durante 4 años, nos casamos en Ronda (Málaga), y continuamos juntos durante 25 años.

Para mí, ha sido lo más grandioso que me ha pasado en la vida, y he sido muy feliz con él y con mis dos hijos”.

Valentina, también compartió su historia de amor:
“Me casé con 30 años un 14 de Febrero, el día del amor.
Mi marido se llamaba Antonio y hemos estado juntos durante 36 años. Para mí ha sido mi gran amor, y el marido ideal”.

María Ivars, nos cuenta que tiene record de años junto a su pareja, ¡nada menos que 50 años juntos!!!:
“Mi marido se llamaba Francisco, y nos conocimos cuando yo tenía 25 años y él tenía 30. Vivíamos en la misma calle y yo era amiga de su hermana. Entre muchas otras habilidades, tocaba el clarinete y me ha querido mucho durante 50 AÑOS”.

¿Y vosotros? ¿ recordáis el primer amor? …

Feliz 14 de Febrero desde la Residencia El Paular.



La nochebuena de los abuelos

Como pasábamos la Nochebuena…


Los abuelitos de El Paular hemos estado hablando y recordando con sonrisas, y una cierta añoranza, como eran nuestras nochebuenas.


Nuestros recuerdos, nuestra vida, ¡lo compartimos con vosotros!.


María D. cuenta que ella hacía una cena especial,  en su casa, para su marido e hijos. Una vez faltó su marido, empezó a ir a cenar a casa de su hija. La cena consistía en unos entrantes (croquetas de bacalao, langostinos, ensalada especial…), cordero al horno con patatas fritas y postre (turrón, mantecados, etc.). Cantaban villancicos y a ella siempre le hacían cantar y contar historias en valenciano.
María F. cenaba también en su casa, pero con la familia y unos cuantos amigos. La encargada de preparar la cena era ella y nunca faltaban las gambas porque a su hijo le encantan.
Josefina B. comenta que en los últimos años se juntaban ella, su marido y uno de sus hijos, pues los otros dos viven en Francia. Lo que más recuerda es el postre porque no han faltado nunca los polvorones, turrones y mantecados.
Paco L. dice que esa noche era para estar en familia, que así se pasaba mejor,  y que él recuerda sobre todo cuando su padre hacía la cena, pues siempre ha tenido restaurantes.
Ramona cuenta que ella cenaba con su marido, pero que no solía hacer nada especial, aunque la cena sí que era algo diferente a la de cualquier otra noche.
Rosario S. recuerda con mucho cariño las navidades de cuando era niña, pues en Nochebuena siempre cenaban en casa de su abuela y se reunía toda la familia.
Lucía dice que ellos cenaban en su casa, toda la familia, y que la cena la solía hacer su madre. El menú era: sopa,  cordero a la plancha, aperitivos y postre.
Enriqueta comenta que solía pasar la Nochebuena con su hermana, que tenía un bar en Finestrat. Primero atendían a los clientes y después ya cenaban ella, su hermana, su cuñado y su sobrino. Se tomaban el aperitivo en la parte del bar y después la cena en el restaurante. Esta consistía en cordero principalmente y de postre dulces, helado y empanadillas de boniato entre otras cosas.
Mercedes recuerda cenar con su marido y su hijo en su casa. Antes de casarse cenaba con sus padres y hermanos.
María R. dice que cuando vivía en Barcelona ellos no celebraban la Nochebuena, pero sí el día de Navidad. Compraban un pavo y lo hacían relleno con salchichas, pimiento morrón, manzana, ciruelas, ajo… Como ella y su hermana eran pequeñas y el pavo lo compraban vivo,  sus padres siempre esperaban a que se durmieran para matarlo porque les daba mucha pena. Una vez ya en Alicante y casada trasladó esta tradición a la Nochebuena, aunque compraba el pavo ya muerto.

Federico habla de cuando él era joven y sus padres aún vivían. Cenaban todos juntos (hermanos, tíos, primos…) y la cena la hacía su madre. Cuando ella faltó la encargada de cocinar fue su hermana. Solían cenar pavo o pollo, compota de membrillo y dulces navideños.
Rosario B. cuenta de sus navidades en Madrid. Se juntaba toda la familia y cenaban gambas, ensalada especial, cordero y dulces típicos de estas fechas.
Cristina comenta que con 14 años hizo su primera cena de Nochebuena, para… ¡17 personas! Preparó sopa cubierta para unos,  sopa de almendras para otros, gallina en pepitoria y de postre flan, flan de café y natillas. A este último postre le ponían una pequeña sorpresa entre las galletas (una moneda). Otros años ha llegado a preparar la cena para 23 personas… toda una cocinera.

FELICES FIESTAS

Con el frío nuestros recuerdos se vuelven refranes

Hoy, con el fresquito de la tarde hemos estado recordando algunos refranes que hacen referencia a las estaciones de otoño e invierno y a los días de Navidad, no olvidando tampoco el clima típico de esta época del año. 

 Otoño
Tan malo es para los niños el verano, como el otoño para el anciano.

Per tots sants guarda el abanico i trau els guants.


Otoño presente, invierno en la acera de enfrente.


 

Invierno:


En enero se hiela el caldo en el puchero.


Febrerito el corto, un día peor que otro.


Cuando en febrero caliente estás, en Semana Santa tiritarás.


En febrero busca la sombra el perro y el cochino el bañaero.


No lloviendo en enero, ni buenos prados ni buen centeno.

 

 

 Navidad:


Navidad en el fogón, Semana Santa el sol.


La Nochebuena y la Santa, debajo de la manta.

 

  El clima:


Una buena capa todo lo tapa.


Vaya yo caliente y ríase la gente.


Cuando la vieja duerme, lluvia viene.


 

 

  Cajón de sastre:


A quien buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.


En mayo planté y sin trigo me quedé.


El limón y la miel casan muy bien.


¡FELIZ PUENTE!

Trastadas de la niñez, ¡nosotros también hemos sido niños!

Hoy nos hemos reído un montón contando gamberradas y trastadas de la infancia, ¿os acordáis de las vuestras?


Angelita cuenta, que de pequeña la mandaban a comprar el pan, y casi siempre lo devolvía pellizcado, y su madre se daba cuenta siempre.

A Hugo con 12 añitos lo mandaban a comprar el pan y en más de una ocasión trajo solamente la molla del centro :D


Fuensanta tuvo una experiencia pasada por jabón, ¡muy limpia!!. Cuando tenía 8 o 9 años, su madre la mandó a comprar jabón, y ella lo confundió con un caramelo, de manera que se lo comió y estuvo un buen rato echando espuma por la boca!!…


A Enriqueta le manchó su profesora de tinta el vestido nuevo, y para que su madre no la viera (porque sabía la que le esperaba), se escondió debajo de la cama y no había quien la sacara de allí.


Andrés era repartidor de leche de jovenzuelo, y cuando le pedían más leche y no le quedaba, a las últimas garrafas le añadía agua para que saliera más cantidad y tener para todos, eso sí, siempre lo negó, ¡que pillastre!!!


Cristina nos cuenta algo parecido, cuando con su amiga Paquita, mezclaron la leche del lechero con agua del grifo, y como no era potable, todo el pueblo tuvo problemas de estómago y se enfadaron con el pobre lechero, que nunca llego a entender que es lo que había pasado. 


Mabel se comía las barras de labios con sabor a fresa de su hermana mayor, cuando se quedaba sola, pero al volver cuando la pillaban, ella lo negaba con toda laboca pintada de rojo!! Je, je…



Federico le quitó la flauta a un hermano de un amigo, y se la tiró al pozo del pararrayos, ¡la dieron por perdida!


Cuando Tina tenía 5 años y junto con una amiga, decidieron que podían conseguir dinero pidiendo por las calles de Madrid. Sus madres, que no sabían nada, sospecharon de algo raro cuando les llevaron de regalo cerillas (que en aquella época eran muy caras), descubrieron cómo las habían conseguido y les prohibieron que pidieran más, pero las cerillas se las quedaron porque ¡a nadie le amarga un dulce!




A Andrés le gustaba pescar con su primo en el río. Un día le robaron una trucha que el cura del pueblo había pescado, y cuando llegaron a casa y enseñaron la supuesta pesca del día, les dijeron que le regalaran la trucha al cura como un obsequio de la familia. (Así que el cura tuvo de nuevo su trucha sin saberlo),¡¡ pero ellos se rieron mucho!!!


Mabel cuando tenía 15 años se fue a las fiestas del pueblo de una amiga en verano, y como ya por aquel entonces le gustaba mucho viajar de un lado a otro, en cuanto terminaron las fiestas cogió un tren y por su cuenta, se fue a visitar unos días a otra amiga a la playa, ¡sin decir nada previamente a sus padres!. El caso, es que los padres llamaron por teléfono, y se enteraron de que estaba en otro lugar y fueron a por ella. Estuvo una semana castigada sin salir, por no pedir permiso y hacer lo que quería sin consultar.

Los sueños e ilusiones de los Abuelitos de El Paular. Dia Internacional de las Personas de Edad

En El Paular hemos conocido hoy una iniciativa que nos ha encantado,”El Mural de los Sueños” de Lindor Ausonia. Bajo el lema “Nadie debería dejar de soñar”, esta organización ha creado un Mural de 12 metros cuadrados dedicado a los sueños e ilusiones de los más mayores.

La idea es que todos los mayores que lo deseen participen dejando por escrito sus deseos, ¿dónde y cuándo? en la zona de Nuevos Ministerios en Madrid (frente el Corte Inglés) hoy 29 de septiembre.
Como nos pillaba un poco lejos y no nos daba tiempo a llegar, se nos ha ocurrido que para celebrar el Día Internacional de las Personas de Edad que es el próximo 1 de octubre vamos colaborar a través de nuestro blog con el Mural de los Sueños de Indor Ausonia.
Porque la ilusión es lo que mueve el mundo, estos son los sueños de nuestros abuelitos:
Maria Domenech Albero. 89 años.
“Mi sueño es que le vaya todo bien en la vida a mis nietos. El pequeño está ahora en Castellón trabajando y siempre que se acerca el fin de semana padezco pensando en el coche y la carretera y pido porque no le ocurra nada, porque tiene toda la vida por delante”.
Federico Marcos Gómez Barea. 79 años.
“Mi sueño es no haber sufrido el accidente que sufrí y haber podido dedicarme a la jardineria muchos años más. Aunque aquí en el centro, Hugo, me facilita en la medida en que puede, que yo siga disfrutando de mi oficio”.
Ana Ivorra Ortuño. 77 años.
“Mi sueño ya sólo se limita a que haya paz y tranquilidad para todos y a ver si salimos de esta puñetera crisis que tanto nos está afectando”.
Fuentsanta López García. 84 años.
“Pues sueños…lo que son sueños, de desear, no tengo. Yo  aqui con vosotros estoy superfeliz, me siento valorada, querida y apreciada. No envidio a nadie ni nada. Estoy encantada de ver lo positivamente que ha evolucionado en la vida mi hija, que antes estaba estancada y no sabía por donde tirar, y por fin ha encontrado su camino”.

Ellas, nuestras abuelitas, nuestras mujeres trabajadoras

En El Paular para rendir homenaje a las mujeres trabajadoras que tenemos en el centro, queremos recordar los trabajos que desempeñaron cuando eran más jóvenes. Esta es su historia..
Rita:
…..a los 14 años empezó a trabajar en la “Peluquería Eva” en la calle de las Infantas (Alicante). Allí hacía tintes, permanentes e incluso manicuras. Estuvo aquí hasta los 20 años, hasta que acabó la guerra, y de esa época recuerda que cuando iba a peinar a las casas de las clientas tenía que correr delante de los guardias, que le gritaban que se apartara de la calle. También ha trabajado en hoteles, restaurantes y todo lo que le salía por aquel entonces.
María D.:
….empezó a trabajar cuando comenzó la guerra, cerraron los colegios y mataron a su padre, por lo que no le quedó más remedio. Con 13 años querían que trabajara de telefonista en las comisarías, pero le dieron su plaza a otra persona y al quererla mandar a Madrid su madre se negó. Entonces empezó a trabajar en la fábrica El Monaguillo (Benalúa) montando paquetes de dátiles, fruta en almíbar, membrillo… Como en la fábrica se acababa el trabajo su prima que era modista le ofreció trabajar con ella, y allí lo que hacía era ayudarla, ir a las casas de las clientas para que se probaran los vestidos, etc.
La guerra avanzaba y toda su familia se tuvo que ir a vivir a San Juan, por lo que se llevó una máquina de coser y siguió cosiendo para la calle. Más tarde fue cobradora en los tranvías, iba por turnos y a veces le tocaba salir a las 12.00h de la noche; aquí los hombres mayores conducían y los jóvenes y las chicas cobraban los billetes. El último mes ya no lo cobró y se fue a los comedores sociales, cosió “chapitas” en las chaquetas de los hombres… para hacer el servicio social para después poder trabajar, cosa que no ocurrió pronto porque falleció su madre y a los 10 meses se tuvo que casar y nació su primer hijo. No volvió a trabajar hasta que su hijo cumplió dos años y una vecina le ofreció trabajo en la fábrica de almendras, donde ya se jubiló con 50 años por problemas de espalda.
Ana Mª:
…..con 5 años empezó a trabajar en el campo, arrancando las ramas, segando y todo lo que podía hacer con esa edad; siendo una niña se llegó a cortar la mano mientras trabajaba. En esta ocupación estuvo hasta los 30 años más o menos, pues una vez que se casó se quedó en casa cuidando de sus hijos y atendiendo las tareas del hogar.
Fuensanta:
…..con 10 años iba al monte con su madre a coger leña, lavar la ropa o fregar en el río Segura. Con 12 años empezó a servir en casas y no paró hasta que se casó; más adelante estuvo haciendo esparto para alpargatas en su casa. Una vez que enviudó volvió a trabajar cuidando a una señora.
Encarna:
……desde los 14 hasta los 29 años (cuando se casó) trabajó de sastresa en una sastrería; primero trabajó en una y cuando la cerraron pasó a otra diferente. Al casarse empezó a coser en casa, donde forraba chaquetas y abrigos entre otras cosas para terminar de pagar el coche y la casa. Una vez que terminaron de pagarlo todo su marido le dijo que ya no trabajase más.
Rosario B.:
….sólo ha trabajado como ama de casa, llevando una vida muy tranquila en Madrid.
María R.:
….estudió para maestra en la escuela de magisterio de Barcelona y ejerció como tal durante cuatro años en una escuela que era propiedad de su cuñada. Después trabajó vendiendo “tupper – ware” durante unos 4-5 años, donde aprovechó para viajar, pues si alcanzaban la venta propuesta le regalaban un viaje a distintas partes de España. Tras casarse, a los 27 años, se dedicó a ser ama de casa.
Mercedes:
….empezó a trabajar en la fábrica de cintas (Benalúa) con 14 años más o menos; allí hacían cordones para los zapatos, las asas de los bolsos, cintas de todo tipo, etc. Estuvo trabajando allí hasta que se jubiló.
Cristina:
… fue maestra interina durante un año (para sustituir a otra persona) mientras terminaba sus estudios en la escuela de magisterio. A los 18 años empezó a trabajar en el hospital de Callosa como auxiliar de clínica y allí estuvo durante cinco años. En esta época empezó a estudiar para ejercer de matrona, pero tuvo una mala experiencia y decidió dejarlo. Finalmente Sanidad la quiso enviar a Novelda a trabajar y su familia no quiso por la distancia, por lo que renunció a su plaza y dejó de trabajar.