Archivo de la categoría: microrelato

El rincon literario de El Paular: El primer poema

En 1958 Emilio escribió su primer poema, un romántico compendio de palabras y sentimientos que a continuación compartimos con vosotros.

Cuando te encuentres triste

y del mundo 

te alejes un instante,

eleva tus ojos al cielo

y recuerda

que en la tierra

tienes un amante, 

que prendado 

de tus ojos bellos,

de tu figura indomable,

silencioso reza al cielo,

para que tú,

también le ames.

Emilio Antonio Pérez Más (72 años)
Poeta.
Residente de El Paular.

 

 

Coraje para expresar lo que sentimos, tiempo para los nuestros.

Seguimos con Bronnie Ware, la enfermera que ha acompañado a cientos de personas durante las últimas semanas de sus vidas ,  según su experiencia dos de las cosas que más se lamentan los seres humanos es de haber trabajado mucho y de no haber tenido coraje para expresar sus sentimientos.
Ojalá no hubiese trabajado tanto.

Según la enfermera, este comentario se lo repitieron la mayoría de los hombres a los que asistió. Se arrepentían de no haber dedicado más tiempo a su pareja y a sus hijos cuando eran pequeños.
Ojalá hubiese tenido el coraje de expresar mis sentimientos.
Muchas personas esconden sus sentimientos para evitar conflictos con los demás. El resultado es que se conforman con una existencia mediocre.
No podemos controlar las reacciones de los demás. Y, aunque al principio otra persona se moleste cuando somos honestos, eso hace que una relación crezca. O que se acabe una relación que no era saludable. En ambos casos, todo el mundo sale ganando.
¡Feliz martes desde El Paular!

Lo importante

Hoy queremos contar la experiencia de Bronnie Ware, una enfermera australiana, especialista en cuidados paliativos, que ha acompañado a cientos de personas durante las últimas semanas de sus vidas.
Bronnie cuenta su experiencia y confiesa que “casi todas las personas expresan los mismos remordimientos antes de morir”. Uno de los  más habituales es el siguiente:
Ojalá hubiese tenido el coraje de vivir la vida que yo quería y no la que los demás esperaban de mí. 
Cuando somos conscientes de que nuestra vida se está terminando, miramos hacia atrás y vemos todos los sueños que no hemos realizado. Mucha gente no se atreve a perseguir sus sueños y muere sabiendo que ellos son los responsables de las decisiones que los impidieron.
No somos conscientes de la libertad que tenemos por el mero hecho de estar sanos. Cuando llega la enfermedad, ya es demasiado tarde.
Perseguir los sueños y luchar por ellos es una tarea que no debemos dejar relegada nunca. 
Feliz martes desde El Paular.

Por Pascua ¡a comerse la "mona"!

¿Queréis saber como pasaban nuestros abuelitos la pascua?, estamos encantados de compartir con vosotros estos recuerdos tan entrañables.



Enriqueta cuenta que ella de jovencita iba a La Fuente del Molino (Finestrat) a comerse la mona de Pascua. Dependiendo de lo que les apeteciera pasaban el día entero o sólo la tarde; después siempre se iban a bailar.

Laura se iba a Elda, al chalet que tenían sus tíos allí. Pasaban 3 o 4 días, dependiendo del tiempo o de las ganas que tuvieran, y solían coger almendra, tomates. Comían y merendaban en la pérgola de la entrada.

Federico, como vivía en el campo, solía quedarse en casa a celebrar la pascua; en ocasiones iba al cortijo de su tía. Tenían sus tradiciones, pues el Jueves Santo comían potaje y arroz con leche; el Viernes Santo hacían castañas asadas; y el domingo tomaban la mona.

Nieves siendo pequeña iba al monte con toda la familia. Los niños jugaban y los mayores se juntaban para hablar, bailar? Algo típico que solían comer era conejo frito con tomate y tortilla de patatas.

María D. iba al Castillo de San Fernando o al de Sta. Bárbara, según les apeteciera; esto lo hacía con su marido e hijos. De soltera solía ir al chalet de una amiga, donde bailaban, contaban cosas, merendaban y, para terminar la jornada, iban al cine.

Josefina recuerda cuando estaba en Marruecos, allí iban al bosque a pasar el día y hacían paella de carne para comer. Nos dice que había mucha gente en esa época.

María R. cuenta que cuando ella vivía en Barcelona no se celebraba la Pascua como aquí, que se quedaban en casa y se comían la mona allí.

Gloria también lo celebraba en casa, pues en Zaragoza la tradición es diferente. Lo que sí que coincide es que se juntaba toda la familia.

Nieves, María D. y Laura nos cuentan que cuando eran pequeñas la tradición en Pascua consistía en vestir a las niñas con la bata de percal, un delantal y unas zapatillas con una lazada de color rojo o negro.


Ellas, nuestras abuelitas trabajadoras.


8 de Marzo: DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA

La celebración del día internacional de la mujer trabajadora ha sido el tema de conversación en la residencia El Paular esta última semana. Nuestras residentes han querido contar su experiencia, su día a día laboral hace unos años, recordando y dando luz a historias de vida excepcionales. 


¡Las compartimos con vosotros!. 

- Josefina B. (88 años) empezó a trabajar muy joven, pues con 15-14 años su vecina la enseñó en el oficio de la costura; fue sastresa. Al preguntarle por su trabajo cuenta que cosía ropa de hombre, primero como civil y posteriormente, durante la guerra, en el ejército. Durante esta última etapa hacía trajes para los militares.


- Carmen C. (79 años) no recuerda muy bien su profesión, pero lo que sí dice es que de jovencita tuvo que limpiar las casas de otras personas.


- Fuensanta (84 años) también es otra de nuestras mujeres trabajadoras, ya que al faltar su padre siendo ella una niña no le quedó más remedio que ponerse a trabajar…eran 8 hermanos!. Desde muy pequeña tuvo que fregar suelos para llevar algo de dinero a casa; posteriormente entró a trabajar con los dueños de una panadería, cuidando de sus hijos y de la casa. En la panadería aprendió a hacer un poco de todo, incluso a coser.



- María R. (88 años) fue maestra en el Colegio Virgen del Pilar de Murcia durante unos 5 o 6 años; daba clases a niños de hasta 9 años. Según dice no le gustaba mucho este trabajo, por lo que al casarse lo dejó para dedicarse a las tareas del hogar.


- Rosa (88 años) cuenta que sus padres tenían una tienda de comestibles y que desde muy jovencita empezó a echarles una mano. Al mismo tiempo que les ayudaba en la tienda cuidaba de la casa y al casarse pasó a cuidar de su propio hogar.


- Enriqueta (67 años) ha sido peluquera y regentaba una peluquería de su propiedad en Finestrat. Al preguntarle que hacía nos cuenta que peinaba, ponía tintes, hacía permanentes, etc. Comenta que su peluquería funcionaba muy bien, teniendo clientes que iban desde Benidorm.


- Mercedes (86 años) trabajó en la fábrica de cintas que había hace años en Alicante; allí hacían lazos, cordones… Tiene buenos recuerdos de aquella época.

- María F. (80 años) cuenta que ella tuvo que trabajar en el campo recogiendo almendra, pelándola, limpiándola… Una vez casada se dedicó a las tareas del hogar.

- Gloria (82 años) estuvo un tiempo trabajando con sus padres en el campo, pero pronto tuvo que marcharse a Alemania a trabajar en una fábrica de medias; allí estuvo 17 años. Cuando regresó a España, ya casada, montó una bodega con su marido.


- Ramona (85 años) ha sido ama de casa, se dedicaba a las tareas del hogar y a cuidar de sus hijos.



- Laura (74 años) ha trabajado como oficinista, primero en un negocio familiar y posteriormente en una empresa de automóviles. En este último trabajo hacía de todo, incluso vender coches.


- Natalia (89 años) tuvo que cuidar de sus hermanos durante la guerra, eran 6 hermanos y no fue una época buena. Más tarde, ya casada, se dedicó a las tareas de su casa.


- María D.(89 años) ha trabajado mucho a lo largo de su vida, pues su padre faltó en la guerra y tenía que ayudar en la economía familiar. De jovencita fue modista, hasta poco antes de acabar la guerra que empezó a trabajar en el tranvía como cobradora. Posteriormente estuvo en comedores de auxilio social. También ha trabajado en la fábrica de caramelos “El Monaguillo” y una vez casada en una fábrica de cacahuetes y almendras.



Con el frío nuestros recuerdos se vuelven refranes

Hoy, con el fresquito de la tarde hemos estado recordando algunos refranes que hacen referencia a las estaciones de otoño e invierno y a los días de Navidad, no olvidando tampoco el clima típico de esta época del año. 

 Otoño
Tan malo es para los niños el verano, como el otoño para el anciano.

Per tots sants guarda el abanico i trau els guants.


Otoño presente, invierno en la acera de enfrente.


 

Invierno:


En enero se hiela el caldo en el puchero.


Febrerito el corto, un día peor que otro.


Cuando en febrero caliente estás, en Semana Santa tiritarás.


En febrero busca la sombra el perro y el cochino el bañaero.


No lloviendo en enero, ni buenos prados ni buen centeno.

 

 

 Navidad:


Navidad en el fogón, Semana Santa el sol.


La Nochebuena y la Santa, debajo de la manta.

 

  El clima:


Una buena capa todo lo tapa.


Vaya yo caliente y ríase la gente.


Cuando la vieja duerme, lluvia viene.


 

 

  Cajón de sastre:


A quien buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.


En mayo planté y sin trigo me quedé.


El limón y la miel casan muy bien.


¡FELIZ PUENTE!

Trastadas de la niñez, ¡nosotros también hemos sido niños!

Hoy nos hemos reído un montón contando gamberradas y trastadas de la infancia, ¿os acordáis de las vuestras?


Angelita cuenta, que de pequeña la mandaban a comprar el pan, y casi siempre lo devolvía pellizcado, y su madre se daba cuenta siempre.

A Hugo con 12 añitos lo mandaban a comprar el pan y en más de una ocasión trajo solamente la molla del centro :D


Fuensanta tuvo una experiencia pasada por jabón, ¡muy limpia!!. Cuando tenía 8 o 9 años, su madre la mandó a comprar jabón, y ella lo confundió con un caramelo, de manera que se lo comió y estuvo un buen rato echando espuma por la boca!!…


A Enriqueta le manchó su profesora de tinta el vestido nuevo, y para que su madre no la viera (porque sabía la que le esperaba), se escondió debajo de la cama y no había quien la sacara de allí.


Andrés era repartidor de leche de jovenzuelo, y cuando le pedían más leche y no le quedaba, a las últimas garrafas le añadía agua para que saliera más cantidad y tener para todos, eso sí, siempre lo negó, ¡que pillastre!!!


Cristina nos cuenta algo parecido, cuando con su amiga Paquita, mezclaron la leche del lechero con agua del grifo, y como no era potable, todo el pueblo tuvo problemas de estómago y se enfadaron con el pobre lechero, que nunca llego a entender que es lo que había pasado. 


Mabel se comía las barras de labios con sabor a fresa de su hermana mayor, cuando se quedaba sola, pero al volver cuando la pillaban, ella lo negaba con toda laboca pintada de rojo!! Je, je…



Federico le quitó la flauta a un hermano de un amigo, y se la tiró al pozo del pararrayos, ¡la dieron por perdida!


Cuando Tina tenía 5 años y junto con una amiga, decidieron que podían conseguir dinero pidiendo por las calles de Madrid. Sus madres, que no sabían nada, sospecharon de algo raro cuando les llevaron de regalo cerillas (que en aquella época eran muy caras), descubrieron cómo las habían conseguido y les prohibieron que pidieran más, pero las cerillas se las quedaron porque ¡a nadie le amarga un dulce!




A Andrés le gustaba pescar con su primo en el río. Un día le robaron una trucha que el cura del pueblo había pescado, y cuando llegaron a casa y enseñaron la supuesta pesca del día, les dijeron que le regalaran la trucha al cura como un obsequio de la familia. (Así que el cura tuvo de nuevo su trucha sin saberlo),¡¡ pero ellos se rieron mucho!!!


Mabel cuando tenía 15 años se fue a las fiestas del pueblo de una amiga en verano, y como ya por aquel entonces le gustaba mucho viajar de un lado a otro, en cuanto terminaron las fiestas cogió un tren y por su cuenta, se fue a visitar unos días a otra amiga a la playa, ¡sin decir nada previamente a sus padres!. El caso, es que los padres llamaron por teléfono, y se enteraron de que estaba en otro lugar y fueron a por ella. Estuvo una semana castigada sin salir, por no pedir permiso y hacer lo que quería sin consultar.

Maria Domenech Albero ganadora del concurso nacinal de microrelatos de CAMON

Nuestra queridísima Maria, ha ganado el concurso nacional del microrelatos organizado por CAMON.

Este es su microrelato y su historia. E

¡Enhorabuena Maria!

María y el periquito

María era una gran amiga de todo aquel que la quisiera.
Tuvo la suerte de encontrar un pajarito dentro de su casa, creyendo que era un canario, lo cogió, pero no, era un periquito.
Lo quiso tanto…
Le enseñó a hablar, lo primero que dijo fue: “Periquito bonito” “Besitos, besitos en el piquito”.
La letra “R” la pronunciaba muy bien.
Lo tuvo mucho tiempo, hasta que el precioso pajarito dijo “Hasta siempre…” y cerró sus ojitos.
Con ese recuerdo, María, pasó mucho tiempo, hasta que éste borró el dolor…
Pero lo que nunca lograría borrar el tiempo sería el recuerdo del “Periquito Bonito”…

María Domenech Albero